Lo que usamos y lo que tenemos:
huella ecológica y capacidad ecológica

Dr. Mathis Wackernagel

   

La huella mide el impacto humano en la naturaleza

Debido a que la gente consume los productos y servicios de la naturaleza, cada uno de nosotros tiene un impacto sobre nuestro planeta. Esto no es un problema siempre y cuando la carga humana se mantenga dentro de la capacidad ecológica de la biosfera. Pero, ¿realmente se mantiene así?

El concepto de "huella ecológica" ha sido diseñado para responder esta pregunta y calcular el impacto de la gente. Lo hace al medir cuánto de la naturaleza utiliza la gente hoy en día para su sustento. Los cálculos de la huella ecológica se basan en dos puntos sencillos:

Podemos llevar un registro de la mayoría de los recursos que consumimos y de muchos de los desechos que generamos, y
La mayor parte del flujo de estos recursos y desechos puede medirse como un área biológicamente productiva que corresponde a ese flujo.

De esta manera, la huella ecológica de una población determinada (desde un individuo hasta una ciudad o país completos) se expresa como el área de tierra biológicamente productiva y el agua requerida exclusivamente para producir los recursos consumidos y para asimilar los desechos generados por la población, con el uso de la tecnología prevaleciente. Como la gente utiliza los recursos de todo el mundo y afecta lugares lejanos con sus residuos, las huellas son la suma de la extensión de esas áreas ecológicas donde sea que se encuentren en el planeta.

La huella estadounidense...

Por ejemplo, los cálculos de 1995 basados en las estadísticas de las Naciones Unidas de acceso público más reciente, muestran que el estadounidense promedio requirió aproximadamente 9,6 hectáreas para su consumo, expresado en la unidad común del "espacio bioproductivo con el promedio de productividad mundial". Este espacio suma más de 9 hectáreas de tierra biológicamente productiva y 0,1 hectáreas de espacio marítimo ecológicamente productivo. Estas 9,6 hectáreas corresponden a 96.000 metros cuadrados (960 veces 100 metros) o 24 campos de fútbol.

...comparada con la ecocapacidad disponible

En 1999 se calculó que si se dividiera toda la tierra biológicamente productiva y el mar de este planeta entre su número de habitantes, el resultado es un promedio de 2,1 hectáreas por persona. Esta capacidad per capita es menos de un cuarto de lo que es necesario para satisfacer la huella de 9,6 hectáreas de un estadounidense promedio. De estas 2,1 hectáreas por persona, 1,6 son ecosistemas manejados y naturales que tienen como base la tierra (como los bosques, pastizales y tierra cultivable), 0,5 hectáreas son áreas marítimas ecológicamente productivas, la mayoría de las cuales están localizadas en las plataformas continentales.

Sin embargo, hay una pequeña complicación. La gente no debería usar las 2,1 hectáreas per capita ya que no estamos solos en el planeta. Lo compartimos con aproximadamente 10 millones de otras especies, la mayoría de las cuales están excluidas de los espacios que ocupamos de manera tan intensiva para propósitos humanos. Por ejemplo, la agricultura industrial llama "maleza" a cualquier especie que no es explotable, y para la urbanización se pavimenta mucha de la tierra más fértil. ¿Qué cantidad del área bioproductiva deberíamos dejar relativamente intacta para esos otros 10 millones de especies? ¿Cuánto sería justo? ¿Cuánto siente que sería necesario para asegurar un mundo ecológicamente estable?

He preguntado esto a muchas personas y sólo a unas cuantas que piensan que deberíamos dejar menos de un tercio de la ecocapacidad para las muchas otras especies que por lo general excluimos a través de nuestras prácticas. Para ser mucho más generosos con la especie humana y asegurarnos de que nuestro análisis no exagera la escasez ecológica de la actualidad, seguimos la políticamente valiente, pero ecológicamente insuficiente, sugerencia del Informe Brundtland: Nuestro futuro común (1987). Sus autores invitaron a la comunidad mundial a proteger 12% del espacio biológicamente productivo para conservar los otros 10 millones de especies con los que compartimos el planeta. Con este número conservador, el espacio bioproductivo disponible por persona se reduce de 2,1 a poco menos de 1,8 hectáreas.

Aunque la huella promedio de la humanidad es de 2,2 hectáreas por persona, sigue excediendo la ecocapacidad de la biosfera. Si hacemos a un lado el escaso 12% para las otras especies, excedemos la capacidad de la Tierra en 20%. Los ecologistas llaman "excederse" a esta trasgresión de la capacidad que tiene la Tierra de albergar organismos. En otras palabras, la humanidad consume más de lo que puede regenerar la naturaleza y está devorando el capital natural del planeta. Por consiguiente, el reto de la sostenibilidad sería: "¿cómo podemos tener cada uno de nosotros una vida satisfactoria dentro del promedio de 1,8 hectáreas o menos por persona?" Ésta puede ser la pregunta más significativa que enfrentamos en la investigación, los negocios y la política.

¿Cómo se calcula la huella?

La huella ecológica es una herramienta de cálculo que resume el impacto humano sobre la biosfera en un número: el espacio bioproductivo que ocupa de manera exclusiva una actividad humana determinada. Lo hace mediante la suma del uso que hacen los humanos de los servicios ecológicos de manera consistente con los principios termodinámicos y ecológicos. Por ejemplo, reconoce las interacciones entre las funciones ecológicas al sumar funciones mutuamente exclusivas de la naturaleza tales como la producción de alimentos o la absorción del CO2. También incorpora el pensamiento termodinámico al distinguir entre las cualidades energéticas y diferenciar la capacidad de los espacios ecológicos para producir biomasa. Debido a que el método parte del supuesto de que el factor que limita la vida humana sobre el planeta es la capacidad regenerativa de la biosfera, los cálculos toman en cuenta el uso humano de la naturaleza en la medida en que tiene impacto sobre esta capacidad. Esto significa que el uso de recursos no renovables como el petróleo o los minerales de cobre, se está incorporado en la medición de la huella, en tanto que limita la integridad de la naturaleza y la productividad.

Entre una variedad de métodos compatibles para calcular las huellas de las personas, hay dos enfoques básicos: huellas compuestas o huellas formadas por componentes. Según el tamaño de la población, podemos elegir entre las dos o usar un híbrido de ambas para obtener los resultados más exactos y útiles.

Huella compuesta

El acercamiento más amplio y sólido es la "huella compuesta". Aplicada a nivel nacional, rastrea todos los recursos que consume una nación y los desechos que genera. El consumo del país se calcula al sumar las importaciones a la producción nacional y al restarle las exportaciones. Para ponerlo en términos matemáticos: consumo = producción - exportaciones + importaciones. Este cálculo se realiza en aproximadamente 60 categorías, como cereales, madera y tubérculos. Cada categoría incluye tanto los recursos primarios (como madera o leche sin procesar) como productos manufacturados que se derivan de ellos (como papel o queso). El uso del recurso se expresa en unidades de espacio al dividir el monto total consumido entre la respectiva productividad del recurso ecológico y, el monto total de desechos entre la capacidad de absorberlo.

Para incrementar la consistencia y solidez de los resultados, cada componente se revisa para evitar que se cuente dos veces. Debido a que la cuenta doble podría exagerar el tamaño de la huella, las funciones ecológicas secundarias realizadas en el mismo espacio no se suman a la huella. Por ejemplo, la miel producida en un pastizal de vacas lecheras no se agregaría a la huella. Tampoco lo harían la recolección de hongos en un bosque productor de madera o la absorción de CO2.

Para dar resultados en unidades comparables, todos los componentes se ajustan a partir de su productividad biológica. Esto significa que la tierra con productividad más alta que el promedio se ve más grande en los cálculos de la huella. Lo mismo ocurre cuando se analiza la capacidad ecológica de una región o nación con el fin de ajustar las huellas.

Todos estos componentes ajustados pueden sumarse para obtener una huella total. El análisis proporciona un número para toda la huella, así como uno para toda la capacidad biológica. Si la huella excede la capacidad, significa que la región tiene un déficit ecológico. Si la huella por persona excede el promedio global, se aclara la magnitud de la contribución de la persona al déficit ecológico global.

La ventaja de la huella compuesta es que automáticamente capta muchos efectos indirectos del consumo difíciles de medir, pues este enfoque no requiere saber para qué se utiliza cada recurso consumido. Por ejemplo, para la cuenta es irrelevante que la energía consumida sea para vehículos, para calentadores domésticos, que produzca ventas de autos en el país o simplemente se desperdicie, debido a que existen estadísticas sólidas sobre el consumo general de energía, pero hay datos mucho menos precisos sobre el uso exacto de la energía, la evaluación general de la huella compuesta hace los cálculos más confiables.

Huellas formadas por componentes y sus combinaciones

El segundo tipo de cálculo, "huella formada por componentes", suma la huella de cada categoría de consumo. Aun cuando este acercamiento es más instructivo y flexible para calcular las huellas de los individuos o las organizaciones, es más propensa a los errores ya que escasean los datos confiables para evaluar los componentes del consumo indirecto, como la energía y los materiales que se encuentran en los bienes y servicios. Sin embargo, algunas veces se cuenta con suficientes datos provenientes de los análisis del ciclo de la vida, los cuales permiten elaborar cálculos razonablemente buenos a nivel del producto.

Para calcular las huellas en poblaciones más pequeñas que una nación, pero más grandes que una familia, el método más efectivo es un híbrido de estos dos enfoques. En el caso de las regiones o los municipios, su huella se determina extrapolándola de la huella nacional y usando las diferencias relativas en el patrón de consumo de la región y de la nación. Tanto la evaluación de la huella individual como la de la huella regional se vuelven más exactas al compararlas con los cálculos nacionales.

Una herramienta hacia la sostenibilidad

Desplazarse hacia la sostenibilidad requiere mejorar la calidad de vida de mucha gente al mismo tiempo que se reduce la huella humana. ¿Es algo imposible? No, pues hay tres estrategias complementarias que pueden reducir el tamaño de las huellas sin poner en riesgo nuestra calidad de vida. Podemos:

Mejorar de manera sostenible la bioproductividad de la naturaleza. Es posible ampliar las áreas bioproductivas a través de la reforestación o la conservación del suelo. También podemos incrementar las cosechas y los servicios por hectárea. Los ejemplos incluyen: la permacultura, infraestructura agrícola como las terrazas en las laderas montañosas o la irrigación cuidadosa, la reforestación o la instalación de paneles solares en los techos sin utilizar;
Usar mejor los recursos cosechados al invertir menos para producir los mismos resultados, como en el caso de las lámparas ahorradoras de energía o los calentadores, el reciclaje, o la arquitectura adaptada al clima, y
Consumir menos mediante un consumo menor por persona y reduciendo la población en las generaciones futuras. Por ejemplo, podemos evitar el uso del coche o la compra de productos desechables; al mismo tiempo ahorraremos dinero y tendremos más tiempo libre. Este estilo de vida más sencillo quizá ejerza menos presión sobre nuestra salud y nos ayude a disfrutar más la calidad de nuestras vidas. A largo plazo, reducir el consumo y los desechos per capita puede ser eficaz para reducir la huella humana total sólo si la población humana deja de aumentar.

Recuerde que todas estas estrategias deben usarse de manera que mejore la calidad de vida y se reduzca el tamaño de la huella humana.

Aplicaciones existentes de la huella

Al proporcionar formas claras de evaluar las posibles transacciones, la huella ecológica se convierte en una vara para medir el nivel último de la sostenibilidad en un sentido ecológico, lo cual constituye una condición para tener vidas satisfactorias. Esta herramienta se ha convertido en el estímulo y la base para muchos cursos y proyectos de tesis en las universidades de todo el mundo. También es importante porque ha generado debates y discusiones en los gobiernos nacionales en los ámbitos global y local, en reuniones de las Naciones Unidas, institutos de investigación e iniciativas ecológicas a nivel municipal, por mencionar algunas consecuencias. Hay estudios globales y nacionales que han comparado el consumo general de los países con su ecocapacidad o han analizado la capacidad ecológica que se encuentra incorporada en el comercio. Las huellas municipales han sido calculadas y las estrategias de sostenibilidad han sido evaluadas con la huella. A escala familiar, los impactos individuales han sido evaluados con una variedad de elementos de cálculo que incluyen programas de software explícitamente diseñados para ser adoptados en los planes de estudios de las escuelas. Las demandas ecológicas de ciertos productos específicos o los efectos acumulativos de los artículos de consumo también han sido comparados mediante el método de la huella.

Conclusión

Los resultados de las huellas ecológicas pueden ayudar a quienes planean las políticas para evaluar el impacto ecológico de una población y comparado con la capacidad de regeneración de la naturaleza. En otras palabras, las huellas contrastan la carga y presión humanas con la capacidad de la naturaleza para albergar organismos. Estos análisis ofrecen un punto de referencia para el desempeño ecológico actual, identifican los retos para aligerar la presión ecológica de la gente, y nos permiten (como miembros de una sociedad y administradores de los sectores públicos y privados) documentar los beneficios obtenidos cuando un país, región, ciudad o compañía avanza hacia la sostenibilidad. En este sentido, la huella ecológica se convierte en una herramienta para medir los méritos de políticas potenciales y elaborar estrategias y escenarios eficaces para un futuro sostenible.

 
Fuente: Mathis Wackernagel, Redefining Progress.
   
 

Para más antecedentes, aplicaciones y vínculos con otros proyectos, visite el sitio Programa de Indicadores de Redefining Progress, que contiene descripciones y recursos de varios proyectos de huellas.