La verdad de los mitos

Mito 1

   
 

La gente tiene hambre por la escasez, tanto de tierra como de alimentos.

 
   

La escasez no puede ser considerada la causa del hambre cuando aun en los peores años de carestía siempre hay abundancia de comida en el mundo, siempre hay al menos suficientes granos que proporcionan a todos los habitantes del mundo entre 3000 y 4000 calorías diarias, sin contar todas las judías, los tubérculos, las frutas, las semillas y nueces, las verduras ni la carne de animales que no se alimentaron de granos.

¿Y qué hay de la escasez de tierra?

Miramos en los países más poblados del mundo para ver si podíamos encontrar una correlación entre la densidad poblacional y el hambre. No pudimos. Bangladesh, por ejemplo, tiene sólo la mitad de gente por hectárea cultivada que tiene Taiwán. Aun así, en Taiwán la gente no muere de hambre mientras que la gente en Bangladesh a menudo padece carencia de alimentos. China tiene más del doble de gente por cada hectárea cultivada que en muchos otros países. Aun así, en China la gente no tiene hambre.

Por el contrario, en América Central y en el Caribe, donde el 70% de los niños están subalimentados, al menos la mitad de la tierra para la agricultura (la mejor tierra) cultiva para la exportación, no para alimentar a los nativos.

Mito 2

   
 

Hay demasiada gente en el mundo. Una explosión demográfica significa que hay menos comida para todos.

 
   

Si 'demasiada gente' causa el hambre, esperaríamos encontrar más gente hambrienta en países con más gente por hectárea agrícola, pero no podemos encontrar dicha correlación.

Los países con cantidades comparativamente grandes de tierra para la agricultura por persona tienen algunos de los casos más crónicos y graves problemas de hambre en el mundo. Por ejemplo, mientras en Bolivia el hambre severa es un problema recurrente para muchas personas que viven en un país con más de 20 áreas de tierra cultivada por persona, mucho más que en Francia. Brasil tiene más tierra cultivada por persona que los Estados Unidos. México, donde la gente del campo ha sufrido de subalimentación, tiene más tierra cultivada por persona que Cuba, donde prácticamente nadie está mal alimentado.

Generalmente, la explosión demográfica rápida refleja la necesidad de la gente de tener muchos hijos en un intento por permitir a los trabajadores incrementar su escaso ingreso familiar, dar seguridad en la vejez y compensar la alta tasa de muerte durante la infancia, resultado de una nutrición y cuidado de la salud inadecuados. Además, las altas tasas de nacimiento reflejan la falta de poder social de las mujeres, lo cual es intensificado por la pobreza.

Mito 3

   
 

El hambre se podría superar si nos concentráramos en producir más alimentos.

 
   

Diagnosticar la causa del hambre como escasez, inevitablemente lleva a la conclusión de que incrementar la producción solucionará el problema. Las técnicas para elevar la producción han sido el impulso central de la 'guerra contra el hambre' durante al menos 50 años. Los gobiernos, las agencias internacionales y las corporaciones agrícolas han difundido la 'modernización' (riego a gran escala, fertilizantes químicos, plaguicidas, maquinaria y las semillas que dependen de esos insumos) para que la tierra produzca más. Esas prácticas de cultivo se han denominado la 'revolución verde'.

Pero cuando una nueva tecnología agrícola se introduce en un sistema donde hay desigualdad de poder, tiende a beneficiar sólo a quienes ya contaban con alguna combinación de tierra, dinero, 'acceso al crédito' o influencia política. Esta selectividad ha excluido a la mayor parte de la población rural del mundo y a todas las personas que padecen hambre.

Mito 4

   
 

Para alcanzar la seguridad alimenticia, el mundo hambriento debe atenerse a los terratenientes.

 
   

Los gobiernos y las agencias de préstamo internacionales, algunas veces, han hecho caso omiso del pequeño productor, pues creen que concentrarse en los grandes latifundios es la forma más rápida de producir ganancias. Sin embargo, un estudio realizado en 83 países revela que apenas poco más del 3% de los terratenientes controla el 80% de las tierras de cultivo. Esto da una idea de cuántos campesinos en el mundo serían excluidos con dicha política.

Un estudio efectuado en Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador y Guatemala encontró que un pequeño campesino era 13 o 14 veces más productivo por hectárea que uno con más tierra. En Tailandia, las parcelas de una o dos hectáreas producen casi un 60% más arroz por 20 áreas que sembradíos de 55 hectáreas o más. Otra prueba de que ser justos con los pequeños campesinos aumenta la producción proviene de la experiencia en países donde la redistribución de la tierra y otros recursos agrícolas básicos, como el agua, ha provocado un crecimiento rápido en la producción agrícola: en este ejemplo sobresalen Japón, Taiwán y China.

Mito 5

   
 

Nos enfrentamos a una encrucijada trágica. El incremento en la producción de alimentos que tanto necesitamos sólo puede producirse a costa de la integridad ecológica de nuestra base alimenticia. La agricultura debe ubicarse en zonas marginales aunque se corra el riesgo de una erosión irreparable. El uso de plaguicidas debe incrementarse aunque el riesgo sea alto

 
   

Haití ofrece una triste imagen de la destrucción ambiental. La mayoría de los campesinos cultivan las laderas de la montaña, que alguna vez fueron verdes, en un desesperado esfuerzo por cultivar alimentos. ¿La producción de alimentos en este país ha utilizado todas las tierras de cultivo para que sólo queden las laderas de las montañas? No, las personas que buscan sembrar en las laderas frágiles sólo pueden verse como exiliados de lo que les pertenece por derecho de nacimiento: algunas de las tierras más ricas del mundo. Las ricas tierras del valle están bajo el control de unas pocas elites (y sus socios extranjeros) cuya preocupación no es la comida, sino los dólares para pagar un estilo de vida importado. De esta manera, se obliga a estas tierras fértiles a producir cultivos poco nutritivos (azúcar, café, cacao), exclusivamente para la exportación.

Con la necesidad urgente de cultivar más alimentos, ¿no tendremos que aceptar algún nivel de daño producido por las mortíferas sustancias químicas?

En los Estados Unidos, cerca de la mitad de los plaguicidas no son utilizados en las tierras de cultivo, sino en los campos de golf, los parques y los prados. La Agencia de Protección Ambiental de este país (EPA) calcula que algunos campesinos estadunidenses alguna vez utilizaron unos 30 millones de kilogramos de plaguicidas y perdieron 7% de la siembra antes de la cosecha. Hoy, utilizan 12 veces más plaguicidas, pero el porcentaje de cultivo perdido antes de la cosecha casi se ha duplicado. En el Sur, la mayoría de los plaguicidas se utilizan para cultivos de exportación (principalmente algodón y, en menor cantidad, frutas y vegetales) que crecen en plantaciones. Por lo tanto, la cantidad de pesticida que se introduce en el medio ambiente mundial tiene poco que ver con las necesidades alimenticias de quienes tienen hambre.

Mito 6

   
 

La esperanza de un país subdesarrollado está en exportar los cultivos en los que tiene una ventaja natural, y utilizar las ganancias para importar alimentos y bienes industriales.

 
   

Las operaciones agrícolas orientadas a la exportación invariablemente importan tecnologías que requieren mucho capital, como fertilizantes químicos y plaguicidas, con el fin de maximizar la producción y también satisfacer los 'criterios de belleza' y las especificaciones de procesos que exigen los mercados extranjeros. Basar un sistema agrícola en tecnologías importadas ayuda a asegurar que lo que se produzca deberá exportarse para pagar los gastos de las importaciones, lo cual constituye un círculo vicioso de dependencia.

En su mayoría, los cultivos de exportación fueron elegidos por las antiguas fuerzas coloniales en busca del mayor beneficio para los mercados autóctonos bien pagados. La misma tierra donde ahora se siembra cacao, café, caucho, té o azúcar, podía producir una increíble diversidad de cultivos nutritivos como granos, legumbres altas en proteínas, vegetales, frutas y tubérculos.

Mito 7

   
 

El hambre es una competencia entre el mundo rico y el mundo pobre.

 
   

Términos como 'mundo hambriento' y 'mundo pobre' nos hacen pensar en masas uniformemente hambrientas, por lo que esconden la realidad de las sociedades jerárquicas donde el hambre afecta a los sectores más bajos tanto en el Norte como en el Sur.

Las personas con hambre de todo el mundo están vinculadas a través de una amenaza compartida: el control cada vez más rígido sobre la necesidad humana más básica: la alimentación. El aumento de la concentración del control sobre la tierra y otros recursos productivos que hemos identificado como la causa directa de hambre en el Sur también se está llevando a cabo en el Norte.

Mito 8

   
 

Los campesinos están tan oprimidos, mal nutridos y condicionados a un estado de dependencia que ellos mismos son incapaces de movilizarse.

 
   

Esta visión hace caso omiso de una realidad fundamental que se observa actualmente en todos los países. Por la forma selectiva en que recibimos las noticias, con frecuencia no estamos al tanto de la valiente lucha de millones de personas en todos lados para obtener el control de los recursos que generan alimentos.

Muchas personas que preguntan qué pueden hacer los campesinos por ellos mismos parecen no ser conscientes de que en muchos países la gente se ha liberado a sí misma del hambre a través de sus propios esfuerzos. Aun durante los peores años de guerra en la década de los sesenta, los vietnamitas estaban mejorando su agricultura. Las producciones aumentaban y el riego se extendía del 20% del área cultivada a mediados de la década de 1950 a cerca del 60%. Los chinos, que antes estaban a merced de las sequías y las inundaciones, han construido reservas y multiplicado su tierra irrigada a través de un sistema basado en una autoconfianza e iniciativa locales. Los chinos ahora cultivan un tercio de toda la tierra irrigada del mundo y han duplicado sus producciones de granos importantes.

Mito 9

   
 

El hambre puede superarse si se redistribuye la comida de las áreas donde hay un excedente a las áreas donde hay una carencia

 
   

Hay un problema en cuanto al comercio como solución al hambre. La distribución de los alimentos es un reflejo del control de los recursos para producirlos. Quien controla la tierra determina quién puede cultivar alimentos, qué se siembra y a dónde va.

Por esa razón, los programas de redistribución no pueden resolver el problema del hambre. En vez de eso, debemos hacer frente a la verdadera pregunta: ¿cómo puede la gente empezar a democratizar el control de los recursos alimenticios en todas partes?

Mito 10

   
 

Para resolver el problema del hambre debemos incrementar la ayuda extranjera.

 
   

Incrementar los presupuestos de ayuda internacional constituye una visión estrecha, pues el auxilio directo a través de este tipo de ayuda es sólo una pequeña fracción del impacto económico total de las inversiones internacionales.

Desde luego, la ayuda alimenticia es esencial en tiempos de emergencia. Sin embargo, necesita ser parte de una estrategia de reforma agrícola a largo plazo, con el fin de ayudar a evitar la reaparición de las carencias. Esto requerirá de medidas serias para redistribuir el control sobre los recursos que producen alimentos.

 

Fuente: Adaptado de Lappe, F.M. y Collins J. World Hunger: Twelve Myths, Segunda edición, Grove Press, Nueva York, 1998.