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Fuente: Naciones Unidas. State of the World's Women, Voluntary Fund for the UN Decade for Women, Nueva York, 1979. Las mujeres han sido –y siguen siendo– el factor decisivo en la calidad de vida y el bienestar de sus familias y comunidades. En muchas culturas, son las principales cuidadoras y administradoras de los recursos naturales, incluyendo la comida, la vivienda y el consumo de los alimentos. Además de eso, muchas mujeres también realizan trabajos y carreras dentro de la economía formal. Las responsabilidades de las mujeres las colocan en una posición única para mejorar el bienestar humano y económico, y para conservar y mantener el medio ambiente. No obstante, sus necesidades, su trabajo y su voz a menudo no se consideran una prioridad. Como resultado, las mujeres de muchos países no tienen acceso igualitario a la educación, la salud, el trabajo, la tierra, los créditos, la tecnología o el poder político. La imposibilidad general para proporcionar iguales oportunidades a las mujeres para que estudien y sean económicamente autosuficientes ha provocado que un desproporcionado número de estas sean pobres. Sin la educación adecuada muchas están entrampadas en trabajos de bajo nivel y baja remuneración; eso si se les permite trabajar fuera de sus hogares. Estas barreras sociales –exclusión, bajo estatus o nivel y pobreza– también son impedimentos a la hora de alcanzar un futuro sostenible. |
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Estudios de caso sobre la educación y la salud de las mujeres Esta actividad muestra estas ideas a través de estudios de caso que tratan sobre la educación y la salud de las mujeres de todo el mundo. Puede elegir entre estudiar uno o ambos estudios de caso.
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| Educación, salud y vida sostenible de las mujeres
Las mujeres tienden a ser muy conscientes de los cambios en el ambiente porque la salud de sus familias está íntimamente relacionada con la salud de la tierra, la calidad del agua y el aire, y la conservación de los bosques, las zonas pesqueras y otros recursos naturales. Los patrones de desarrollo no sostenibles representan serios riesgos para la salud de las mujeres, especialmente los relacionados con la salud reproductiva. Estos riesgos aumentan conforme las mujeres tienen una vida laboral más activa fuera de sus hogares. Por ejemplo:
Fuente: Women's Environment and Development Organisation Risks, Rights and Reforms, WEDO, Nueva York, 1999. La educación es la solución a problemas como éstos. De hecho, existe una alta correlación entre la mejora en la educación de las niñas y la mejora en la salud y en el desarrollo social y económico. Padres y madres que han sido educados tienden a tener hijos e hijas más saludables. En la sociedad, las mujeres son las principales proveedoras de cuidados para la salud. Se calcula que el 75% de los cuidados médicos se dan en el hogar; por lo tanto, cualquier intento de mejorar la salud de la población de un país debe incluir a las mujeres y darles poder. Una mujer que pueda leer la etiqueta de una caja de medicamentos es una cuidadora más efectiva que una que no sepa leer. De hecho, las encuestas en 25 países del Sur del planeta demuestran que, incluso siendo iguales todos los demás factores, el hecho de que una madre reciba de uno a tres años de educación puede reducir la mortalidad infantil en un 15%, porcentaje mayor al 6% que se registra cuando son los padres quienes reciben esa misma educación. Asimismo, las mujeres educadas tienden a tener una mayor autoridad en la toma de decisiones dentro del hogar. Además, la educación aumenta las posibilidades de las mujeres de ganar un salario fuera de sus hogares, salario que puede utilizarse para pagar comida, ropa, educación y cuidados médicos de su familia. Fuente: Paden, M. (ed) Women, World Resources Institute, Washington DC., 1996 |
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